About jgts

Soy un duro mamífero ovíparo semi acuático

¡Sí! Después de 5 años, y sin la magia del CD en el buzón, este año hay…
¡Jorgetes 2013! :)

jorgetes2013

Recordemos que no tienen por qué ser canciones publicadas en 2013 sino que, por lo que sea, hayan sido importantes para mi este año.

Se escucha en Spotify, haciendo click aquí: http://ysu.be/jorgetes2013

E incluye…:

01. Espada – Javiera Mena
02. En Libertad – Nino Bravo by La Casa Azul
03. The Right Thing – Alphabeat
04. No Gires 2013 – Varry Brava
05. Corriendo a Ciegas – Bravo Fisher!
06. Awkward – San Cisco
07. Walking on Air – Katy Perry
08. Hey You Beautiful – Olly Murs
09. Los Amigos que Perdí – Dorian
10. Safe and Sound – Capital Cities
11. Pócima del Amor – La La Love You
12. We Got the Power – Loreen

¡Hala! Si lo escucháis, podéis comentarme y todo… :P

Ni nochevieja ni leches. El verdadero “cambio de año” es ahora, a principios de septiembre y, aunque sea menos habitual, es una época en la que la gente también aprovecha para hacerse propósitos que no va a cumplir. El caso es que como yo vivo en una incertidumbre permanente y nunca sé que va a ser de mi vida al día siguiente, no puedo hacer planes más allá de 24 horas, así que yo lo que me hago son no-propósitos. Si ya sabes que no los vas a cumplir, la cosa es mucho más fácil, así que… ¡Vamos a ello!

1.) No solo trabajar

En mi empresa llevamos meses esperando septiembre. En estos días vamos a empezar una nueva etapa en la que tenemos mucha confianza pero que implica currar como cabrones. Más aún. Y eso va a hacer que, como me ha ocurrido más veces, no haga más que pensar 24 horas al día en el trabajo sin dejar hueco para nada más, y eso me acaba pasando factura, siempre, así que el primero de mis no-propósitos es, todos los días, buscarme algo que hacer que me ayude a desconectar aunque sea un ratito. Pero en verdad no seré capaz y mi trabajo absorberá por completo mi vida y mis fuerzas, así que confiemos en que en algún momento habrá recompensa.

2.) Apuntarme a un gimnasio

Yo no soy carne de gimnasio desde el momento mismo en que me niego a llamarlo “gym”, eso está claro. Pero yo decidí que antes de los 30 tenía que ponerme buenorro y solo me quedan 7 meses, que como estoy delgadete ahora es lo justo para que, apuntándome a alguna clase chula rollo bodypump o cualquier otra mierda de esas, se me coloquen un poco las cosas en su sitio e incluso dé un poco el pego, que no necesito más. Además de que me ha obligado el médico, vaya, pero intuyo que la cuota no la cubre la seguridad social así que es una obligación de mentira. El caso es que echando cuentas no lo puedo pagar, y como trabajo muy lejos y pierdo mucho tiempo en el metro no sería capaz de cuadrar horarios con ninguna clase, y yo lo de ponerme a “hacer máquinas” a mi bola como que no lo veo del todo claro. Así que nada, cuerpo escombro forever, que es lo mío.

3.) No dejar la bici

Este verano he hecho ¿miles? de kilómetros con la bici y he disfrutado como un enano, oye, hay pocas cosas en la vida que me gusten más y el coste total en todo el verano han sido 15€ de un pinchazo. Pero siempre pasa igual, en cuanto llega la manguita larga me da pereza cogerla y la pobre se pone triste hasta que vuelve el sol y las alergias, así que enlazando con el no-propósito anterior, he decidido que este año voy a seguir dándome mis vueltas diarias y yendo a los sitios en bici y, si hace frío, pues me abrigo. Pero seguro que al final me dará mucha pereza y a la vez mucha pena.

4.) Bloguear y twittear más

A veces tiendo a olvidar la gran cantidad de cosas personas buenas que me ha aportado este, mi blog, y lo que me desahogo cada vez que me pongo a teclear mis historias. Y además veo que la gente se lo pasa bien en twitter, y hablan de temas, y hacen cosas y no sé, que parece que el pajarito azul mola. Pero tiendo a no tener tiempo para ponerme a escribir posts chulos y twitter me parece muy esclavo, aunque últimamente de vez en cuando diga cositas e incluso comparta allí también mis cutre-fotos de instagram. Ahora, conociéndome, seguiré contando mis mierdas en tercera persona en facebook, este post será el último en meses y moriré antes de llegar a los 1000 tuits. Así soy.

5.) Hacerme youtuber

Conocida es mi afición a apuntarme a todas las modas adolescentes y, ya que me he saltado tanto la de defender las zorrerías de Miley Cyrus como la de meterme vodka por los ojos con un tampón, no podía dejar pasar una de mis favoritas: enamorarme de youtubers. Madre mía, la de horas y horas de vídeos que me estoy tragando últimamente mientras muero de amor. Y claro, “me pico” y yo también quiero ser youtuber, que es un run-run con el que llevo ya una temporadita larga. De hecho cuando cumplí los 29 decidí hacer un video diario durante un año pero, aparte de que el tema dejaba demasiado a la luz mi actual crisis de los 30, llegué a la conclusión de que si loulogio, que es una máquina, no lo estaba consiguiendo con “Café con Lou“, lo mío iba a ser un fracaso desde el día 2. Y septiembre me parecía un buen mes para empezar un canal donde subir vlogs que nadie vería hablando de cosas que a nadie le interesarían, pero aunque Chema diga que soy carne de youtube, teniendo en cuenta que odio ponerme delante de una cámara y que tampoco tengo una decente que mejore la caca de vídeos que hace mi móvil, este tema vuelve a quedar aplazado de forma indefinida.

6.) Sufrir por amor

¡Ojo! Que no digo enamorarme y mucho menos ser correspondido… ¡Esas cosas a mi no pasan! Pero es que hace mucho tiempo ya que no tengo en nadie en quien pensar los domingos por la tarde y por quien sufrir cuando veo que está en línea en whatsapp y no me contesta mi mensajito de “buenas noches”, y a veces me apetece sufrir un poco, que me pega mucho eso y lo estoy perdiendo. Pero claro, como soy filofóbico perdido, me cierro en banda ante cualquier oportunidad de “conocernos mejor” y huyo de cualquier situación en la que haya que usar más el corazón que la cabeza, pues eso no va a ocurrir. Y ¡oye! casi que mejor.

Así que, en verdad, aunque en según qué cosas debería plantearme cambiar, todo va a seguir igual. Soy un animal de costumbres. O gilipollas, depende.

¿Sabes lo que pasa? Que me acuerdo de ti de vez en cuando y digo ¡ay! ¡voy a escribirle a ver que tal le va! Pero luego no te escribo. Porque no tengo del todo claro si te va a apetecer que lo haga. O porque no sé qué poner en el mensaje. O porque siempre lo dejo pasar. Y me pasa contigo y con algunas personas más, y siempre es lo mismo: al final no te digo nunca nada. Pero ¡oye! que seguro que a ti también te pasa con un montón de gente, y alguna vez… ¡incluso conmigo! Y por eso lo vamos a solucionar, porque tú y yo hemos quedado esta noche. A las 22:30 para ser exactos, en Príncipe Pío, y nos vamos a dar una vuelta por Madrid Río. Ese es el plan.

 

– Si quedamos a menudo y te apetece que nos veamos hoy también…
– Si hace mucho que no nos vemos
y no encontrábamos la excusa para volver a quedar…
– Si nos dejamos de ver por algún motivo que evidentemente ya hemos olvidado…
– Si aún no nos conocemos en persona y crees que ya va siendo horita…
– Si no tienes ni puñetera idea de quién soy pero alguien te ha dicho “queda con él ¡es majo!”…
– Si no encajas en ninguna de las anteriores pero por lo que sea te apetece darte un paseíto conmigo…

 

¡Paseemos, pues! Tú decides si en bici o a pata. De Príncipe Pío al Matadero y regreso. Por la noche, eso sí, al fresquito. De camino pásate por un chino a por unas coca-colas y yo me hago con unas patatuelas. Nos ponemos al día y prontito en casa que al día siguiente hay que madrugar.

Simplemente escríbeme un mail, un privado por facebook, un DM por Twitter, un Whatsapp, un Line… ¡O un SMS! y dime qué día de entre los disponibles puedes y si vienes con o sin bici, sin más explicaciones. Ese día quedamos a las 22:30 aquí, donde la gente patina y esas cosas.

 

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Los días son estos, básicamente lo que queda de agosto, en negrita los disponibles y en gris los que ya no, intentaré ir actualizándolo según os los vayáis quedando:

 

j-22  |  v-23  |  s-24  |  d-25  |  l-26  |  m-27  |  x-28  |  j-29  |  v-30  |  s-31

 

Sí, me voy a dar 10 días seguidos la misma vuelta, solo o acompañado. Lo que pasa es que si voy solo será siempre igual, un coñazo, así que… ¡Vente! ¡Ya está! Hemos quedado, es oficial, así que no te escaquees…

¿Qué haces esta noche? :)

Pues estoy en una etapa super bloguera, fíjate. Me apetece escribir en mi blog a todas horas, pero es que también estoy en una etapa un poco… ehmmm… ¿densa?, así que en verdad me apetece escribir a todas horas posts que irremediablemente tendrían que estar en “La Caja Naranja”. La echo mucho de menos. Pero La Caja Naranja ya no existe, así que mejor no escribo, y dramas míos que os ahorráis. Mejor hago un post de Brevas. De nada.

– Tengo mucho mono de bici. Entre que en invierno me da una pereza horrible y que además últimamente no deja de llover, llevaré como 6 meses sin tocarla. Paso todos los días por delante suyo y la oigo llorar, la mi pobre, que se cree que la tengo abandonada, con todo lo que yo la quiero. El primer día que salga el sol la cogeré con tantas ganas que, o reviento de tanto pedalear, o me caeré de forma extremadamente aparatosa porque haya perdido soltura. Pero el caso es que moriré. Qué bonito eso de morir por amor.

– Tengo un granito super pequeñito que tiene que estar conectado directamente con mi sistema linfático porque, lo aprietes cuando lo aprietes, siempre sale agüilla. Sin límite. Una guarrería, vaya. Pero engancha.

– Si no deja de llover no voy a poder poner lavadoras, y la situación puede rozar el drama en cualquier momento. Me estoy poniendo calcetines con tomates importantes y camisetas que estaban a punto de pasar al cajón de “para dormir”. Por suerte cuando he ido en semana santa mi madre me había comprado calzoncillos. Porque a mi los calzoncillos me los sigue comprando mi madre, menos algunos, los de los martes y los domingos, que son más chulis porque me los compro con cierto criterio. La proporción es más o menos esa: tengo 2 guays por cada 5 normalillos suyos.

– “I will never forget how you made me feel. Come make me relive the wonders of the time, back when you were mine”.

– Dentro de relativamente poco es mi cumpleaños y no me apetece nada. Tengo mis razones y las entenderíais y todo, pero ¡oops! ¿Ves por aquí una Caja Naranja? Yo no. Así que no-dramas.

– Ayer no pude dormir por darle vueltas a un tema. Por la mañana en el metro al ir a trabajar he tenido que decidir qué escuchar, y en un acto de masoquismo extremo he elegido ese disco en el que sé que está esa canción que hoy no debería haber escuchado, confiando en que el aleatorio no la iba a hacer sonar antes de llegar a mi destino. Evidentemente, ha sido la primera. Y ya he tenido run-run para todo el día.

– ¡Comenta, cojones!

Astrud - Mi Fracaso PersonalO cómo la vida misma puede quedar plasmada en una canción

Hace tres años todo parecía perfecto,
y no quiero ocultar que siempre hubo un matiz o la sombra de una duda.
Y aunque eso nunca me detuvo,
sí que tuve ocasión de no poder evitar el sentirme algo peor
y el pensar que algo iba mal al ver que nada parecía ir mejor.

Hace dos años todo parecía un desastre, pero yo seguía allí,
inventando excusas y, y creyéndomelas luego
y convenciendo a mis amigos, o eso creía yo,
mis amigos preferían ponerse en lo peor.
Y lo peor se parecía mucho a verme afrontar la situación
de cómo confesar que llevo dos años harto, y éste es el tercero,
y no está bien, y está bien.

Pronto hará un año que me puse un año de plazo para trazar un plan
sobre cómo iba a cambiar la manera en que funcionan mis cosas,
y el año acaba ahora y todavía no estoy listo
para tomar decisiones importantes por mí mismo.
Y casi que voy a esperar un año a ver si todo empieza a mejorar.<

De un tiempo a esta parte, cuando se habla de innovación, del presente y de hacia donde vamos, se habla mucho de “Las Tres Pantallas”. Esto es que hoy en día se supone que todos estamos pendientes de 3 pantallas a la vez: la tele, el móvil y el ordenador. Pero a ninguna le prestamos atención al 100%, es decir, usando el ordenador para el trabajo o para el ocio, o viendo la televisión, en cuanto vibra un poco todos miramos el móvil. Viendo programas de televisión a la vez tuiteamos, normalmente con el hashtag que el propio canal de televisión nos indica. Y leemos nuestro muro de Facebook cada media hora aunque en el ordenador o la tele tengamos una película de fondo. Bueno, todos hacéis eso, pero yo no, que como no tengo tele solo tengo 2 pantallas, por aquello de que siempre tiendo a ser más simple que el resto.

Pero no me veo yo con tres, porque estar pendiente de dos pantallas ya me pone muy nervioso. Porque si por ejemplo estoy hablando con alguien por Facebook desde el ordenador y alguien me habla por whatsapp, ya tengo que estar pendiente de dos conversaciones en dos pantallas y con dos teclados distintos, y me parece un coñazo. Por eso adoro las aplicaciones que te dan acceso móvil a cosas a las que también puedes acceder desde el ordenador (Facebook, Twitter, LinkedIN, DropBox/Drive, Evernote, WordPress, Hootsuite, Amovens/BlaBlaCar, PayPal o la app de cualquier banco, y los mapas o el correo electrónico) y tiendo a no utilizar las que son 100% móvil y requieren una atención especial que no puedo darle (como Whatsapp, Instagram y mil más). Evidentemente sí que entiendo que hay apps que solo tienen sentido en el móvil (como Shazam, Waze, Foursquare o AroundMe) pero son las menos.

¿Y a qué viene todo esto? ¡Uy! Sí, que me desvío del tema… Esta macro-introducción es la forma de justificar la primera de mis…

8 razones porque las que me paso a Line:

 

1.- Tiene aplicaciones de escritorio. Eso quiere decir que además de poder tener Line en tu iPhone, Android o Windows Phone, puedes instalarte un programita en tu PC o tu Mac, de tal forma que puedes hablar con gente de móvil-a-móvil, de ordenador-a-ordenador o de móvil-a-ordenador (como hasta ahora puedes hacer con Facebook) sin perder ninguna funcionalidad y pudiendo acceder al historial de la conversación aunque hubiera tenido lugar en una pantalla distinta. Vamos, que estás en casa y empiezas una conversación en el ordenador, la puedes continuar en el móvil cuando sales de casa y la retomas desde el ordenador del trabajo.

2.- Nadie te controla. Siempre estás “En Line(a)” por lo que la gente no piensa cosas como “No le voy a hablar que lleva 4 horas sin abrir el whatsapp”, “¡Qué cabrón! Me dijo que se iba a acostar y lleva dos horas más en línea” o el coñazo de “¡Ha salido el doble check! ¡Lo ha leído y no me ha contestado!” que suele ir acompañado de “¡Mira! ¡Vuelve a estar en linea y nada! Pasa de mi…”. Lo del control del whatsapp es realmente enfermizo. Y en Facebook igual, todo el mundo sabe si estás en el móvil o en el ordenador… ¡Como si les interesase!

3.- Tiene VoIP. Que vale, sí, todos tenemos el Viber instalado en el móvil, pero a mi nunca me ha llamado nadie a través de él. El hecho de que el VoIP esté integrado en Line hace que cuando vas a abrir un chat a alguien te de la opción de llamarle (¡de gratis!) así que a lo mejor te lo piensas y dices “¡Ah! ¡Pues sí! Tardo menos llamándole que escribiéndole” y lo usas.

4.- Tiene stickers. Que es una gilipollez, pero oye, lo de poder mandar un dibujito “decente” en vez de una simple carita está muy bien. Es un término medio entre un dibujo emoji del whatsapp (que no pierdes porque Line también los tiene ¡no tienes que renunciar a la caca con ojos!) y aquellos molestos “guiños” que tuvo MSN en sus últimos años de esplendor que te llenaban toda la pantalla y estaban animados y eran un rollo. En medio: los stickers del Line. Salaísimos.

5.- Es bonito. Que aunque no sirva como argumentario para convencer a nadie a usarlo, tu subconsciente sabe que con esos fonditos, esa perfecta ubicación de los elementos, esa facilidad de uso y eso-todo, estás a gustito usando algo tan agradable. Pero es que es japo, y los japos saben de esto.

6.- Tiene timeline. Una especie de muro de facebook o de twitter integrado en el que puedes colgar estados (que normalmente son stickers, la gente no se lo curra demasiado, de momento) procurando ser una red social. Dudo de su éxito, pero como mariconada es curioso. Además tiene aplicaciones secundarias como el “Brush” o el “Camera” para poder pintar a mano dibujos para luego enviar a tus amigos, o poder hacer fotos con “stickers”. Bobadas para pre-adolescentes japonesas a las que, o adoras, o quieres ser como ellas.

7.- Tiene juegos sociales. Que esto puede llegar a ser más malo que bueno, porque como empecemos todos a mandarnos regalitos y notificaciones del “Line Pop” a cualquier hora esto puede ser un drama, pero de momento está bien lo de tener un juego en tu móvil con el que picarte con tus amigos.

8.- Tiene modelo de negocio. Que esto a la gran mayoría os resbala pero a mi me gusta pensar que no van a la deriva como Whatsapp (o Twitter), que su única misión en la vida es conseguir más y más usuarios sin cobrarles por nada, perder millones y millones de dólares y confiar en que con tantos usuarios alguien vendrá un día y les comprará. Line no, Line vende packs de stickers (de Disney o de Sanrio, por ejemplo) por 1’79€ además de “vidas” para poder seguir jugando a sus (de momento dos) juegos. Además están empezando a tener cuentas verificadas de famosos y cosas así, se les ve con ganas de no quedarse parados y hacer cosas, y una aplicación viva siempre mola más.


Así que, de forma oficial, comunico que me paso a Line
y estaré pendiente de él porque ya lo tengo en el móvil, el ordenador de casa y en el del trabajo. Y el whatsapp pasará a ser eso que “miraré de vez en cuando a ver si alguien ha dicho algo”, posiblemente sentado en la taza del water.

¡Pásate a Line! Pronunciado “line”, nada de “lain” ¿eh? :)

No tengo ningún interés en morirme. Menudo coñazo tiene que ser eso. Perezón. Pero algún día habrá que hacerlo, claro. Y es posible que me muera después que tú. De hecho tengo pensado sobrevivir al máximo de gente posible, voy a retrasarlo todo lo posible, hasta que algún día alguien diga “Venga tío, vale ya ¿no?” y me tenga que morir porque no me queden más huevos. Pero por si para aquel entonces quedáis alguno por aquí, tengo una serie de exigencias (que no peticiones) que deberéis cumplir:

– Quiero donarlo todo. Que me desmonten en la mayor cantidad de trozos posibles, confiando en que alguno sea útil. Tijerita, neverita, y a donde haga falta. Eso sí, solo por si alguien necesita algo, lo de donar mi cuerpo a la ciencia y que jugueteen conmigo me hace bastante menos gracia, eso no.

– Quiero que me incineren. A lo que quede, que le prendan fuego. Paso de ser comida para nadie, no estoy tan bueno. Siempre he sido de pizza, lasaña y bizcochos caseros pero llevo un porrón de años sin tener horno, así que para compensar, horno ahí a tope. Nací en Valencia así que lo de acabar en una falla sería super alegórico, super bonito y super todo.

– No quiero ataud, ni urnas, ni nada. Eso de gastarse pelas en una caja de madera de la buena para quemarla después de un paseo dentro de un coche en el que ni se luce ni nada, no lo veo lógico. Para cuando yo me muera seguro que hay cajitas super monas de cartón reciclado o de algún material super barato que aún ni existe y que para entonces será tendencia. Eso sí, nada de cruces ni nada de eso ¡por diox! Lisita, que lo más simple siempre es lo más bonito. Y para las cenizas, un tupper. Y solo para transportarlas hasta un río o un mar o un descampado cualquiera. El cubo de la basura me vale también. Y el tupper si es bueno, un agua y de vuelta a su circuito habitual.

– No quiero entierro. Tendría cojones que monte cosas vivo y no venga nadie, y que de repente me muera y os juntéis todos. Vamos, sería como para volver y daros de ostias. Si por casualidad os econtráis un día un par de vosotros y decís “¡Por cierto! ¿Te enteraste que se murió este?”, iros a tomar algo en mi memoria y escuchad canciones bonitas que me gustasen. O emborrachaos y escuchad cualquier mierda. Y liaros. Y follad. En mi honor todo. Y luego recordad que si siguiera vivo simplemente “os sonarían vuestras caras” y ahora estáis retozando en una cama al azar. Y así siempre tendréis un buen recuerdo mío. Y cuando veáis que se os va olvidando, volved a quedar.

Así que eso. Si algún día os invito a una fiesta masiva sin motivo aparente ¡venid! Que a lo mejor es que me han dado dos meses de vida y me estoy montando una especie de “pre-entierro” para veros a todos juntitos pero estando de pie y despierto, en vez de ahí tirao, un poco muerto. Y si eso no ocurre pues vivid todo lo posible y lo mejor que podáis, cuando os vaya dando el venazo id muriendoos, y ya luego, cuando ya hayáis acabado todos, si eso voy yo. Con la calma.

Mañana voy a renovarme el DNI, y hoy he ido a hacerme las fotos. He ido a un Fotoprix y he demandado un servicio básico: “¡Hola! Quiero hacerme fotos para el DNI”. Fácil. El chaval en cuestión me ha dicho que me siente, me ha hecho dos, he elegido la que más me ha gustado y a partir de ese momento ha cambiado el chip de fotógrafo, a comercial.
Mister Sácame-los-Duros ha metido mi foto en una maquinita y le ha dicho dónde estaban mis ojos, mi boca, mi nariz, y todas esas cosas que tengo yo en la cara, y de repente ¡tachán! ¡Ha aparecido un yo mejorado en la pantalla! Y me ha preguntado “¿Cuál te gusta más?” y yo le he dicho “esa, claro” y él me ha dicho “La mejorada son 11’95€” y al preguntarle por la otra, me ha dicho que eran 6’50€. ¡Oops! Pagar el doble por la misma cantidad de fotos impresas en la misma calidad de papel, únicamente porque el señor ha tardado 30 segundos en hacer cuatro clicks, me ha parecido una barbaridad. Pero él lo ha hecho tan bien comercialmente hablando, que si en vez de 5€ más hubiera costado 2, me hubiera llevado la versión guapo-de-mentira, y posiblemente él se hubiera llevado un poquito. Pero así, que les amortice el software Rita.
Hasta aquí me estaba cayendo bien, porque vendía con mucha naturalidad, y me recordaba a cuando yo estaba detrás de un mostrador y me daba exactamente igual qué teléfono se llevara mi cliente siempre y cuando saliera de la tienda asegurado, dentro de una funda, y a poder ser con una solicitud de ADSL grapada a su contrato.
Pero no me ha gustado nada su cierre de la venta. Me ha dicho que eran 6’50, y acto seguido me ha dicho “¡Vaya! No me queda el accesorio que venía de regalo, te lo descuento, son 5’95€”. ¡¿Hola?! ¿Me ibas a cobrar 55 céntimos por un “regalo” que no te había pedido? ¡Oh! ¡Qué feo eso, tío! Le he preguntado qué era y me ha dicho que un llavero, que he supuesto que tendría un hueco para meter una de las fotos, porque si no, no entiendo el concepto de “accesorio”. Llavero que yo no quería, y por el que iba a pagar sin saberlo. Y luego va y me pide mi mail para mandarme ofertas ¿ofertas de cobrarme cosas que no he pedido? No, gracias.
Si el tío se lo hubiera montado bien, podía haberme dicho “¡Anda, mira! Lo han bajado, el precio nuevo son 5’95€” o incluso jugársela con algo del tipo “Si me dejas tu mail te puedo hacer un descuento, se te quedaría en 5’95€” y así él hubiera perdido la venta cruzada de su llavero maravilloso, pero se hubiera apuntado el tanto de captar un mail.
Y después de todos esos momentos te-retoco-por-cinco-euros-y-te-descuento-un-llavero-que-no-querías-e-iba-a-colarte-y-dame-tu-mail me ha ofrecido dos descuentos maravillosos, uno para fotolibros y otro para tarjetas de visita. Bueno, bien. Pero… ¡yo solo quería fotos para mi DNI! ¡Guarda tus dotes comerciales para meterle packs enteros de acesorios a los que vienen emocioandos a comprarse una cámara nueva con un montón de dineros en la mano!
Y por curiosidad he mirado el ticket (no vaya a ser que me hubiera colado algún extra más) y he visto que como dependiente… ¡Aparecía el nombre de una chica! ¿Le colará las ventas mediocres a alguna compañera para mantener sus ratios bonitos? No, no vamos a pensar mal, no, no… ¡Diox me libre!

Esto parece el blog de uno cualquiera, así que voy a escribir un post de esos de los de antaño, de los totalmente ilegibles por largos y aburridos, de los de contaros mi vida aunque no os interese, de los de domingo por la tarde en otoño con su lluvia y todo. Un post de esos que empiezan con: Estoy soltero, y lo he estado siempre.

Pero es que creo que soy filofóbico perdido.
Lo que pasa es que decir que tengo “miedo al amor” no sé si es del todo correcto, porque yo no tengo un miedo, yo tengo dos, a mi me gustan los dramas a pares, que es mucho más divertido.

Tengo miedo al compromiso. Y es que estoy en un momento de mi vida muy tenso, porque ningún día sé si podré comer al día siguiente y no tengo nada claro cuánto tiempo más me queda en esta ciudad, así que en verdad no puedo hacer planes de más de 24 horas porque no sé si los voy a poder cumplir… ¡Como para comprometerme a nada a medio plazo! Y digo medio y no largo plazo porque lo que tengo muy claro es que la gente cambia, y los caminos a veces se difurcan incluso aunque se anden juntos, así que he dicho siempre que yo no firmaría nada con nadie por más de 2 años, que me parece un tiempo prudencial como para “disfrutar del amor” sin saturar. Así nos da tiempo a pasar una Nochebuena con cada familia. Y si es más pues bien, y si es menos, pues también. Pero ahora no. Y hace un año tampoco. Ni hace dos. Que esta etapa se está alargando más de lo que debería. Cuando mi vida se estabilice y la rutina venga a mi, a lo mejor de repente tengo tiempo para otro tipo de inquietudes, pero ahora mismo no. Ahora mismo, compromiso caca.

Pero es que además tengo miedo al rechazo. Profesionalmente el “no” es mi trabajo, he sido comercial toda la vida, la gente me saluda con un “no” y mi trabajo es luchar contra él e intentar convertirlo en un “sí”, es a lo que estoy acostumbrado y además es lo que más me motiva, un rechazo siempre es un reto. Pero en lo social no puedo con él. Ni reto ni leches, no acepto un “no”, no lo soporto, lo paso mal. Y es por eso por lo que no ligo, por no hacer el intento y llevarme una negativa. Si pones en un lado de una balanza la oportunidad de follar, y en el otro lo que pesaría un rechazo, pesa un pelín más este último así que deja de merecerme la pena intentarlo. Que estoy mucho más a gustito lamentándome por “lo que podría haber sido” pero sin un “no” en mi expediente, vaya. Para que yo me lance tengo que estar 100% seguro, ni miraditas, ni señales, ni hostias, tu lengua en mi boca y a partir de ahí ya empiezo a pensar si es que a lo mejor quieres algo conmigo. Pero claro, si esto es así en “lo esporádico”… ¡Imagínate cuando la cosa roza “lo bonito”! ¡Uf! ¡Drama! ¿Decirte que me gustas y que tú me digas que yo a ti no? No, lo siento, no tengo ningún interés en pasar por eso. Y mucho menos en plantearte “un intento de algo”, porque se me ocurren por lo menos cienmil cosas que me apetecen más que el que me digas que no. Que me metas un dedo en el ojo de forma aleatoria durante 4 horas o que me pegues una patada en los huevos serían dos ejemplos totalmente al azar.

Pero a ver, que nadie se asuste, que a mis 28 años no estoy rozando la castidad ni nada de eso. Yo he tenido mis múltiples “apaños”, que apaño es una palabra que creo que lo define muy bien todo. Ha habido apaños largos y apaños cortos, apaños intensos y otros más fríos, apaños intermitentes que iban y venían y apaños que vinieron y se fueron sin más. Y apaños de martes y domingo, claro, que son los más divertidos.
Y luego están los “apaños de fase 2”. Tengo un importante historial de “Nos estamos conociendo”. Me encanta el “nos estamos conociendo”. Podría vivir en un “nos estamos conociendo” permanente, así que cuando el “nos estamos conociendo” deja de ser viable y hay que dar un paso, suelo desviar a la gente a “la zona de los amigos” que es mucho más divertida, mucho más cómoda, mucho más fácil, cabe mucha más gente y, por supuesto ¡da mucho menos miedo! Es muy ideal.

Aunque esto no ha sido siempre así, claro. Que a mi también ha habido veces que me ha apetecido “un poco más”. Cuatro veces para ser exacto. Y las cuatro, nada. Cuatro “enchochamientos intensos no correspondidos”. Cuatro apaños que podían haber sido y no fueron, o bien por mi miedo al compromiso (que no), o por mi miedo al rechazo (que en algún caso puede que sí), o principalmente por razones “del otro lado” que casi creo que prefiero desconocer no vaya a ser que no me gusten. Cuatro veces de tener un nudo en el estómago de estos que te dan hasta ganas de vomitar. Cuatro arcadas de amor. Cuatro guarrerías, vaya.
Cuatro dramas, a la espera de un quinto. Pero claro, el 5 es mi número favorito, así que a la próxima, sí que sí. O no, vaya.

– Pero entonces a ver, si dices que te has medioenamorado y todo alguna vez, tú no eres filofóbico… ¡Tú lo que eres, es tonto!
– ¡Ah! Pues será eso.