About jgts

Soy un duro mamífero ovíparo semi acuático

Pues estoy en una etapa super bloguera, fíjate. Me apetece escribir en mi blog a todas horas, pero es que también estoy en una etapa un poco… ehmmm… ¿densa?, así que en verdad me apetece escribir a todas horas posts que irremediablemente tendrían que estar en “La Caja Naranja”. La echo mucho de menos. Pero La Caja Naranja ya no existe, así que mejor no escribo, y dramas míos que os ahorráis. Mejor hago un post de Brevas. De nada.

– Tengo mucho mono de bici. Entre que en invierno me da una pereza horrible y que además últimamente no deja de llover, llevaré como 6 meses sin tocarla. Paso todos los días por delante suyo y la oigo llorar, la mi pobre, que se cree que la tengo abandonada, con todo lo que yo la quiero. El primer día que salga el sol la cogeré con tantas ganas que, o reviento de tanto pedalear, o me caeré de forma extremadamente aparatosa porque haya perdido soltura. Pero el caso es que moriré. Qué bonito eso de morir por amor.

– Tengo un granito super pequeñito que tiene que estar conectado directamente con mi sistema linfático porque, lo aprietes cuando lo aprietes, siempre sale agüilla. Sin límite. Una guarrería, vaya. Pero engancha.

– Si no deja de llover no voy a poder poner lavadoras, y la situación puede rozar el drama en cualquier momento. Me estoy poniendo calcetines con tomates importantes y camisetas que estaban a punto de pasar al cajón de “para dormir”. Por suerte cuando he ido en semana santa mi madre me había comprado calzoncillos. Porque a mi los calzoncillos me los sigue comprando mi madre, menos algunos, los de los martes y los domingos, que son más chulis porque me los compro con cierto criterio. La proporción es más o menos esa: tengo 2 guays por cada 5 normalillos suyos.

– “I will never forget how you made me feel. Come make me relive the wonders of the time, back when you were mine”.

– Dentro de relativamente poco es mi cumpleaños y no me apetece nada. Tengo mis razones y las entenderíais y todo, pero ¡oops! ¿Ves por aquí una Caja Naranja? Yo no. Así que no-dramas.

– Ayer no pude dormir por darle vueltas a un tema. Por la mañana en el metro al ir a trabajar he tenido que decidir qué escuchar, y en un acto de masoquismo extremo he elegido ese disco en el que sé que está esa canción que hoy no debería haber escuchado, confiando en que el aleatorio no la iba a hacer sonar antes de llegar a mi destino. Evidentemente, ha sido la primera. Y ya he tenido run-run para todo el día.

– ¡Comenta, cojones!

Astrud - Mi Fracaso PersonalO cómo la vida misma puede quedar plasmada en una canción

Hace tres años todo parecía perfecto,
y no quiero ocultar que siempre hubo un matiz o la sombra de una duda.
Y aunque eso nunca me detuvo,
sí que tuve ocasión de no poder evitar el sentirme algo peor
y el pensar que algo iba mal al ver que nada parecía ir mejor.

Hace dos años todo parecía un desastre, pero yo seguía allí,
inventando excusas y, y creyéndomelas luego
y convenciendo a mis amigos, o eso creía yo,
mis amigos preferían ponerse en lo peor.
Y lo peor se parecía mucho a verme afrontar la situación
de cómo confesar que llevo dos años harto, y éste es el tercero,
y no está bien, y está bien.

Pronto hará un año que me puse un año de plazo para trazar un plan
sobre cómo iba a cambiar la manera en que funcionan mis cosas,
y el año acaba ahora y todavía no estoy listo
para tomar decisiones importantes por mí mismo.
Y casi que voy a esperar un año a ver si todo empieza a mejorar.<

De un tiempo a esta parte, cuando se habla de innovación, del presente y de hacia donde vamos, se habla mucho de “Las Tres Pantallas”. Esto es que hoy en día se supone que todos estamos pendientes de 3 pantallas a la vez: la tele, el móvil y el ordenador. Pero a ninguna le prestamos atención al 100%, es decir, usando el ordenador para el trabajo o para el ocio, o viendo la televisión, en cuanto vibra un poco todos miramos el móvil. Viendo programas de televisión a la vez tuiteamos, normalmente con el hashtag que el propio canal de televisión nos indica. Y leemos nuestro muro de Facebook cada media hora aunque en el ordenador o la tele tengamos una película de fondo. Bueno, todos hacéis eso, pero yo no, que como no tengo tele solo tengo 2 pantallas, por aquello de que siempre tiendo a ser más simple que el resto.

Pero no me veo yo con tres, porque estar pendiente de dos pantallas ya me pone muy nervioso. Porque si por ejemplo estoy hablando con alguien por Facebook desde el ordenador y alguien me habla por whatsapp, ya tengo que estar pendiente de dos conversaciones en dos pantallas y con dos teclados distintos, y me parece un coñazo. Por eso adoro las aplicaciones que te dan acceso móvil a cosas a las que también puedes acceder desde el ordenador (Facebook, Twitter, LinkedIN, DropBox/Drive, Evernote, WordPress, Hootsuite, Amovens/BlaBlaCar, PayPal o la app de cualquier banco, y los mapas o el correo electrónico) y tiendo a no utilizar las que son 100% móvil y requieren una atención especial que no puedo darle (como Whatsapp, Instagram y mil más). Evidentemente sí que entiendo que hay apps que solo tienen sentido en el móvil (como Shazam, Waze, Foursquare o AroundMe) pero son las menos.

¿Y a qué viene todo esto? ¡Uy! Sí, que me desvío del tema… Esta macro-introducción es la forma de justificar la primera de mis…

8 razones porque las que me paso a Line:

 

1.- Tiene aplicaciones de escritorio. Eso quiere decir que además de poder tener Line en tu iPhone, Android o Windows Phone, puedes instalarte un programita en tu PC o tu Mac, de tal forma que puedes hablar con gente de móvil-a-móvil, de ordenador-a-ordenador o de móvil-a-ordenador (como hasta ahora puedes hacer con Facebook) sin perder ninguna funcionalidad y pudiendo acceder al historial de la conversación aunque hubiera tenido lugar en una pantalla distinta. Vamos, que estás en casa y empiezas una conversación en el ordenador, la puedes continuar en el móvil cuando sales de casa y la retomas desde el ordenador del trabajo.

2.- Nadie te controla. Siempre estás “En Line(a)” por lo que la gente no piensa cosas como “No le voy a hablar que lleva 4 horas sin abrir el whatsapp”, “¡Qué cabrón! Me dijo que se iba a acostar y lleva dos horas más en línea” o el coñazo de “¡Ha salido el doble check! ¡Lo ha leído y no me ha contestado!” que suele ir acompañado de “¡Mira! ¡Vuelve a estar en linea y nada! Pasa de mi…”. Lo del control del whatsapp es realmente enfermizo. Y en Facebook igual, todo el mundo sabe si estás en el móvil o en el ordenador… ¡Como si les interesase!

3.- Tiene VoIP. Que vale, sí, todos tenemos el Viber instalado en el móvil, pero a mi nunca me ha llamado nadie a través de él. El hecho de que el VoIP esté integrado en Line hace que cuando vas a abrir un chat a alguien te de la opción de llamarle (¡de gratis!) así que a lo mejor te lo piensas y dices “¡Ah! ¡Pues sí! Tardo menos llamándole que escribiéndole” y lo usas.

4.- Tiene stickers. Que es una gilipollez, pero oye, lo de poder mandar un dibujito “decente” en vez de una simple carita está muy bien. Es un término medio entre un dibujo emoji del whatsapp (que no pierdes porque Line también los tiene ¡no tienes que renunciar a la caca con ojos!) y aquellos molestos “guiños” que tuvo MSN en sus últimos años de esplendor que te llenaban toda la pantalla y estaban animados y eran un rollo. En medio: los stickers del Line. Salaísimos.

5.- Es bonito. Que aunque no sirva como argumentario para convencer a nadie a usarlo, tu subconsciente sabe que con esos fonditos, esa perfecta ubicación de los elementos, esa facilidad de uso y eso-todo, estás a gustito usando algo tan agradable. Pero es que es japo, y los japos saben de esto.

6.- Tiene timeline. Una especie de muro de facebook o de twitter integrado en el que puedes colgar estados (que normalmente son stickers, la gente no se lo curra demasiado, de momento) procurando ser una red social. Dudo de su éxito, pero como mariconada es curioso. Además tiene aplicaciones secundarias como el “Brush” o el “Camera” para poder pintar a mano dibujos para luego enviar a tus amigos, o poder hacer fotos con “stickers”. Bobadas para pre-adolescentes japonesas a las que, o adoras, o quieres ser como ellas.

7.- Tiene juegos sociales. Que esto puede llegar a ser más malo que bueno, porque como empecemos todos a mandarnos regalitos y notificaciones del “Line Pop” a cualquier hora esto puede ser un drama, pero de momento está bien lo de tener un juego en tu móvil con el que picarte con tus amigos.

8.- Tiene modelo de negocio. Que esto a la gran mayoría os resbala pero a mi me gusta pensar que no van a la deriva como Whatsapp (o Twitter), que su única misión en la vida es conseguir más y más usuarios sin cobrarles por nada, perder millones y millones de dólares y confiar en que con tantos usuarios alguien vendrá un día y les comprará. Line no, Line vende packs de stickers (de Disney o de Sanrio, por ejemplo) por 1’79€ además de “vidas” para poder seguir jugando a sus (de momento dos) juegos. Además están empezando a tener cuentas verificadas de famosos y cosas así, se les ve con ganas de no quedarse parados y hacer cosas, y una aplicación viva siempre mola más.


Así que, de forma oficial, comunico que me paso a Line
y estaré pendiente de él porque ya lo tengo en el móvil, el ordenador de casa y en el del trabajo. Y el whatsapp pasará a ser eso que “miraré de vez en cuando a ver si alguien ha dicho algo”, posiblemente sentado en la taza del water.

¡Pásate a Line! Pronunciado “line”, nada de “lain” ¿eh? :)

No tengo ningún interés en morirme. Menudo coñazo tiene que ser eso. Perezón. Pero algún día habrá que hacerlo, claro. Y es posible que me muera después que tú. De hecho tengo pensado sobrevivir al máximo de gente posible, voy a retrasarlo todo lo posible, hasta que algún día alguien diga “Venga tío, vale ya ¿no?” y me tenga que morir porque no me queden más huevos. Pero por si para aquel entonces quedáis alguno por aquí, tengo una serie de exigencias (que no peticiones) que deberéis cumplir:

– Quiero donarlo todo. Que me desmonten en la mayor cantidad de trozos posibles, confiando en que alguno sea útil. Tijerita, neverita, y a donde haga falta. Eso sí, solo por si alguien necesita algo, lo de donar mi cuerpo a la ciencia y que jugueteen conmigo me hace bastante menos gracia, eso no.

– Quiero que me incineren. A lo que quede, que le prendan fuego. Paso de ser comida para nadie, no estoy tan bueno. Siempre he sido de pizza, lasaña y bizcochos caseros pero llevo un porrón de años sin tener horno, así que para compensar, horno ahí a tope. Nací en Valencia así que lo de acabar en una falla sería super alegórico, super bonito y super todo.

– No quiero ataud, ni urnas, ni nada. Eso de gastarse pelas en una caja de madera de la buena para quemarla después de un paseo dentro de un coche en el que ni se luce ni nada, no lo veo lógico. Para cuando yo me muera seguro que hay cajitas super monas de cartón reciclado o de algún material super barato que aún ni existe y que para entonces será tendencia. Eso sí, nada de cruces ni nada de eso ¡por diox! Lisita, que lo más simple siempre es lo más bonito. Y para las cenizas, un tupper. Y solo para transportarlas hasta un río o un mar o un descampado cualquiera. El cubo de la basura me vale también. Y el tupper si es bueno, un agua y de vuelta a su circuito habitual.

– No quiero entierro. Tendría cojones que monte cosas vivo y no venga nadie, y que de repente me muera y os juntéis todos. Vamos, sería como para volver y daros de ostias. Si por casualidad os econtráis un día un par de vosotros y decís “¡Por cierto! ¿Te enteraste que se murió este?”, iros a tomar algo en mi memoria y escuchad canciones bonitas que me gustasen. O emborrachaos y escuchad cualquier mierda. Y liaros. Y follad. En mi honor todo. Y luego recordad que si siguiera vivo simplemente “os sonarían vuestras caras” y ahora estáis retozando en una cama al azar. Y así siempre tendréis un buen recuerdo mío. Y cuando veáis que se os va olvidando, volved a quedar.

Así que eso. Si algún día os invito a una fiesta masiva sin motivo aparente ¡venid! Que a lo mejor es que me han dado dos meses de vida y me estoy montando una especie de “pre-entierro” para veros a todos juntitos pero estando de pie y despierto, en vez de ahí tirao, un poco muerto. Y si eso no ocurre pues vivid todo lo posible y lo mejor que podáis, cuando os vaya dando el venazo id muriendoos, y ya luego, cuando ya hayáis acabado todos, si eso voy yo. Con la calma.

Mañana voy a renovarme el DNI, y hoy he ido a hacerme las fotos. He ido a un Fotoprix y he demandado un servicio básico: “¡Hola! Quiero hacerme fotos para el DNI”. Fácil. El chaval en cuestión me ha dicho que me siente, me ha hecho dos, he elegido la que más me ha gustado y a partir de ese momento ha cambiado el chip de fotógrafo, a comercial.
Mister Sácame-los-Duros ha metido mi foto en una maquinita y le ha dicho dónde estaban mis ojos, mi boca, mi nariz, y todas esas cosas que tengo yo en la cara, y de repente ¡tachán! ¡Ha aparecido un yo mejorado en la pantalla! Y me ha preguntado “¿Cuál te gusta más?” y yo le he dicho “esa, claro” y él me ha dicho “La mejorada son 11’95€” y al preguntarle por la otra, me ha dicho que eran 6’50€. ¡Oops! Pagar el doble por la misma cantidad de fotos impresas en la misma calidad de papel, únicamente porque el señor ha tardado 30 segundos en hacer cuatro clicks, me ha parecido una barbaridad. Pero él lo ha hecho tan bien comercialmente hablando, que si en vez de 5€ más hubiera costado 2, me hubiera llevado la versión guapo-de-mentira, y posiblemente él se hubiera llevado un poquito. Pero así, que les amortice el software Rita.
Hasta aquí me estaba cayendo bien, porque vendía con mucha naturalidad, y me recordaba a cuando yo estaba detrás de un mostrador y me daba exactamente igual qué teléfono se llevara mi cliente siempre y cuando saliera de la tienda asegurado, dentro de una funda, y a poder ser con una solicitud de ADSL grapada a su contrato.
Pero no me ha gustado nada su cierre de la venta. Me ha dicho que eran 6’50, y acto seguido me ha dicho “¡Vaya! No me queda el accesorio que venía de regalo, te lo descuento, son 5’95€”. ¡¿Hola?! ¿Me ibas a cobrar 55 céntimos por un “regalo” que no te había pedido? ¡Oh! ¡Qué feo eso, tío! Le he preguntado qué era y me ha dicho que un llavero, que he supuesto que tendría un hueco para meter una de las fotos, porque si no, no entiendo el concepto de “accesorio”. Llavero que yo no quería, y por el que iba a pagar sin saberlo. Y luego va y me pide mi mail para mandarme ofertas ¿ofertas de cobrarme cosas que no he pedido? No, gracias.
Si el tío se lo hubiera montado bien, podía haberme dicho “¡Anda, mira! Lo han bajado, el precio nuevo son 5’95€” o incluso jugársela con algo del tipo “Si me dejas tu mail te puedo hacer un descuento, se te quedaría en 5’95€” y así él hubiera perdido la venta cruzada de su llavero maravilloso, pero se hubiera apuntado el tanto de captar un mail.
Y después de todos esos momentos te-retoco-por-cinco-euros-y-te-descuento-un-llavero-que-no-querías-e-iba-a-colarte-y-dame-tu-mail me ha ofrecido dos descuentos maravillosos, uno para fotolibros y otro para tarjetas de visita. Bueno, bien. Pero… ¡yo solo quería fotos para mi DNI! ¡Guarda tus dotes comerciales para meterle packs enteros de acesorios a los que vienen emocioandos a comprarse una cámara nueva con un montón de dineros en la mano!
Y por curiosidad he mirado el ticket (no vaya a ser que me hubiera colado algún extra más) y he visto que como dependiente… ¡Aparecía el nombre de una chica! ¿Le colará las ventas mediocres a alguna compañera para mantener sus ratios bonitos? No, no vamos a pensar mal, no, no… ¡Diox me libre!

Esto parece el blog de uno cualquiera, así que voy a escribir un post de esos de los de antaño, de los totalmente ilegibles por largos y aburridos, de los de contaros mi vida aunque no os interese, de los de domingo por la tarde en otoño con su lluvia y todo. Un post de esos que empiezan con: Estoy soltero, y lo he estado siempre.

Pero es que creo que soy filofóbico perdido.
Lo que pasa es que decir que tengo “miedo al amor” no sé si es del todo correcto, porque yo no tengo un miedo, yo tengo dos, a mi me gustan los dramas a pares, que es mucho más divertido.

Tengo miedo al compromiso. Y es que estoy en un momento de mi vida muy tenso, porque ningún día sé si podré comer al día siguiente y no tengo nada claro cuánto tiempo más me queda en esta ciudad, así que en verdad no puedo hacer planes de más de 24 horas porque no sé si los voy a poder cumplir… ¡Como para comprometerme a nada a medio plazo! Y digo medio y no largo plazo porque lo que tengo muy claro es que la gente cambia, y los caminos a veces se difurcan incluso aunque se anden juntos, así que he dicho siempre que yo no firmaría nada con nadie por más de 2 años, que me parece un tiempo prudencial como para “disfrutar del amor” sin saturar. Así nos da tiempo a pasar una Nochebuena con cada familia. Y si es más pues bien, y si es menos, pues también. Pero ahora no. Y hace un año tampoco. Ni hace dos. Que esta etapa se está alargando más de lo que debería. Cuando mi vida se estabilice y la rutina venga a mi, a lo mejor de repente tengo tiempo para otro tipo de inquietudes, pero ahora mismo no. Ahora mismo, compromiso caca.

Pero es que además tengo miedo al rechazo. Profesionalmente el “no” es mi trabajo, he sido comercial toda la vida, la gente me saluda con un “no” y mi trabajo es luchar contra él e intentar convertirlo en un “sí”, es a lo que estoy acostumbrado y además es lo que más me motiva, un rechazo siempre es un reto. Pero en lo social no puedo con él. Ni reto ni leches, no acepto un “no”, no lo soporto, lo paso mal. Y es por eso por lo que no ligo, por no hacer el intento y llevarme una negativa. Si pones en un lado de una balanza la oportunidad de follar, y en el otro lo que pesaría un rechazo, pesa un pelín más este último así que deja de merecerme la pena intentarlo. Que estoy mucho más a gustito lamentándome por “lo que podría haber sido” pero sin un “no” en mi expediente, vaya. Para que yo me lance tengo que estar 100% seguro, ni miraditas, ni señales, ni hostias, tu lengua en mi boca y a partir de ahí ya empiezo a pensar si es que a lo mejor quieres algo conmigo. Pero claro, si esto es así en “lo esporádico”… ¡Imagínate cuando la cosa roza “lo bonito”! ¡Uf! ¡Drama! ¿Decirte que me gustas y que tú me digas que yo a ti no? No, lo siento, no tengo ningún interés en pasar por eso. Y mucho menos en plantearte “un intento de algo”, porque se me ocurren por lo menos cienmil cosas que me apetecen más que el que me digas que no. Que me metas un dedo en el ojo de forma aleatoria durante 4 horas o que me pegues una patada en los huevos serían dos ejemplos totalmente al azar.

Pero a ver, que nadie se asuste, que a mis 28 años no estoy rozando la castidad ni nada de eso. Yo he tenido mis múltiples “apaños”, que apaño es una palabra que creo que lo define muy bien todo. Ha habido apaños largos y apaños cortos, apaños intensos y otros más fríos, apaños intermitentes que iban y venían y apaños que vinieron y se fueron sin más. Y apaños de martes y domingo, claro, que son los más divertidos.
Y luego están los “apaños de fase 2”. Tengo un importante historial de “Nos estamos conociendo”. Me encanta el “nos estamos conociendo”. Podría vivir en un “nos estamos conociendo” permanente, así que cuando el “nos estamos conociendo” deja de ser viable y hay que dar un paso, suelo desviar a la gente a “la zona de los amigos” que es mucho más divertida, mucho más cómoda, mucho más fácil, cabe mucha más gente y, por supuesto ¡da mucho menos miedo! Es muy ideal.

Aunque esto no ha sido siempre así, claro. Que a mi también ha habido veces que me ha apetecido “un poco más”. Cuatro veces para ser exacto. Y las cuatro, nada. Cuatro “enchochamientos intensos no correspondidos”. Cuatro apaños que podían haber sido y no fueron, o bien por mi miedo al compromiso (que no), o por mi miedo al rechazo (que en algún caso puede que sí), o principalmente por razones “del otro lado” que casi creo que prefiero desconocer no vaya a ser que no me gusten. Cuatro veces de tener un nudo en el estómago de estos que te dan hasta ganas de vomitar. Cuatro arcadas de amor. Cuatro guarrerías, vaya.
Cuatro dramas, a la espera de un quinto. Pero claro, el 5 es mi número favorito, así que a la próxima, sí que sí. O no, vaya.

– Pero entonces a ver, si dices que te has medioenamorado y todo alguna vez, tú no eres filofóbico… ¡Tú lo que eres, es tonto!
– ¡Ah! Pues será eso.

Yo soy de la teoría de que, en lo que a geles y champús se refiere, si no son azules no limpian.
Los blancos lechosos me dan mucho asco con esa textura gelatinosa de dudosa procedencia. Y si son así como medio transparentes me da como la sensación de que me están engañando, que me venden agua con colorante. Y los amarillentos o de colores claritos… ¡Argh! Eso son los mismos que los blancos, pero en sucios. Como muy de Fa. Caca. A mi me da igual para qué tipo de piel o de pelo sea, mi pelo y mi piel pueden con todo, si hoy hay que tener el pelo graso, se tiene, y si además hay que tener la piel seca, pues seca como la que más, que me llamen Sahara si hace falta, pero que el bote sea azul. Eso sí, mi nivel de exigencia con los azules cosméticos está alcanzando niveles que rozan lo enfermizo, porque…

1.) Con el bote vacío tiene que quedar algo azul que le siga dando sentido a la cosa. Ya sean olitas, florecitas, pitufos o una lágrima cuando hay perdón, pero que lo mires y puedas decir “¡Ah, sí, era azul!” y te sigas sintiendo limpio y fresco y todo.

2.) Me dan mucho asquete los chorretones. Porque se supone que esto sirve para limpiar, y que sea él mismo el que ensucie me da pereza. Porque se seca, y lo ves asquerosillo y tocas el bote y te da una sensación rara y dices “¿Y esto me va a limpiar a mi?” y te produce cierto rechazo. Como si fueran mocos de champú. Que te obligan a limpiar algo que sirve para limpiar. Es como lavar la lavadora. Que no.

3.) No me gusta que el gel “manche” el bote, eso de que se queden cositas pegadas en las paredes, cositas que o bien deberían estar jugando con sus amiguitos un poco más abajo, o deberían estar ya desagüe abajo junto con mi propia mierda porque hayan salido del bote y hayan pasado por mi, me hayan dejado oliendo a cosas bonitas y se hubieran ido a morir con la sensación de un trabajo bien hecho. Pero ahí no pintan nada. Ensucian. En azul, vale, sí, pero ensucian. Porque el azul no es perfecto ¿sabes? Que mira que nos gusta idolatrar.

4.) El otro día necesitaba champú, y en el super había una oferta de Herbal Essences. Baratísimo. Tanto que miré a ver si es que estaba a punto de caducarse, pero no, ingredientes tan naturales no tendrá porque no tenía fecha. Y como había un montón pues dude, bueno en verdad no, dije “pues este, el azul”. Y cuando lo estrené… ¡Me hice fan! Porque el tapón está hecho de tal forma que gestiona muy bien los chorretones, vamos, no existen, no les da oportunidad, los tiene a raya, algunas noches le oigo echarles la bronca. Y tiene una textura así como muy asquerosa y muy brillante y muy como del futuro, como muy cancerígeno todo, pero me da igual porque lo mejor es que esa textura del horror hace que… ¡No mache el bote! ¡Ni por dentro ni por fuera! Que a lo mejor de aquí a dos semanas se me empieza a caer el pelo, pero me dará igual porque coges el bote y ¡puedes mirar a través de él! ¡Está transparente! Cuando se acabe podría meter la lengua y relamerlo y no pasaría nada. No lo haré, y si lo hago no os lo diré. Maravilloso.

Así que, en conclusión: Mi vida podría girar en torno a un bote azul. Acabaría lavándome el pelo y el cuerpo y todo con Herbal Essences. Bebería cócteles que incluyeran champú de orquídea y coco hawaiano. Me haría sandwiches de champú azul y atún y tranchetes. Cuando viajara me llevaría mi bote de champú para hacerle fotos en los monumentos del mundo. Podría casarme con un bote de champú. Pero solo mientras siga en oferta. Porque la próxima vez que necesite champú cogeré en el super el bote azul más barato, sea de quien sea. Soy así de infiel. Todos los azules son iguales.

El finde en el SouthPop… ¡genial! Yo me esperaba un festival de barriguitas. Es decir, creía que iba a haber mucha mujer embarazada, mucho popero-de-ayer clon de Felipe Fresón, y mucho niño de videoconsolas y bollycao dokyo. Y no. El público era como muy “el de cualquier festival”, así que bien.

Si de un tiempo a esta parte uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos es The Sound of Arrows, al emocionarme en su concierto me di cuenta de que en verdad lo que era, es fan. Podría vivir en un concierto permanente de esta gente.

– I will never forget how you made me feel, come make me relive the wonders of the time, back when you were mine…

El viernes pinchamos en un chiringuito en la playa, luego entre dos conciertos, y al final casi 4 horas en plan after. Y todo guay. El sábado Dani no estaba y pinché yo un ratito entre concierto y concierto, y me daba un poco de cosica pinchar solo pero salí del paso con bastante dignidad. Lo supe cuando uno que había sido muy crítico el día anterior vino a darme la enhorabuena, y cuando otro que me había dicho antes de empezar “ponte algo divertido que venimos del coñazo ese de Nosoträsh” al acabar me dijo “te has portado, me has alegrado la noche”. Mola que la gente te diga cosas guays. Y molan también los que te dicen que no, que te odien un poquito también tiene su morbo.

Mientras cenaba el sábado un señor se me acercó y me dijo “Tú eres uno de los dj’s de ayer ¿no? Impresionantes, te pediría un autógrafo pero mejor no, no vaya a darte vergüenza o algo”. Señor, si me lee usted: Me la dio igual. Pero ¡gracias, que ilusión!

Mañana por la mañana voy a que me hagan la endodoncia del demonio. Hoy me ha dolido un poco la muela y ahora mismo tengo un poco de fiebre y todo. ¡Que acaben con ella ya!

Hoy he ayudado a Fran a prepararle una merienda-cena guay a su novia por su tercer aniversario y ha quedado bonito. Yo quiero mi  propio tercer aniversario, o mejor no.

En el super no quedaba mi Tulipán de siempre y he comprado “Tulipán sabor mantequilla. Verás tú esto. Miedo margarinil.

Vuelve a haber estudiantes en la residencia de mi edificio y por lo tanto vuelvo a poder cotillear sus conversaciones por el patio. Todo lo que se cuentan es apasionante. Todos deberíamos tener acceso a conversaciones de post-adolescentes para entender muchas cosas del mundo.

00:48Tuitearía. Pero mi blog nuevo mola más. Y la elle también.

01:11 – Hoy he ido a ver The Hole, y ha molao un puñao. Superfan de Dilya. Contaría cositas, pero por si alguien queda por verlo, prefiero no.

01:59 – He quedado a las 7 en Atocha para coger un tren. Me tengo que levantar a las 5:30. Son las 2 y tengo la maleta sin hacer. Se intuye drama. Y viaje en coma. Y ojeras. Verás tú.

02:13 – Para bajar la maleta del altillo del armario hay que hacer ruido. No son horas de hacer ruido así que me he puesto musiquita en los cascos. Ya no hay ruido.

02: 36 – Confirmado, In case you didn’t know” de Olly Murs es el primer disco en mucho tiempo que puedo escuchar de seguido entero sin pasar ninguna canción. Y varias veces además.

02: 44 – Doblo camisetas y me canto las que ya me sé. Que son varias, oyes. Podría ponerme un poquito triste y todo, porque al fin y al cabo “this song is about you. Pero no será hoy. Qué pereza ponerse triste.

02:56 – Hace tanto que no me pongo unos vaqueros que ahora mismo no sé cual de estos dos son los que me quedaban bien y cuales los que me quedaban grandes. Y no me los voy a probar, espero que estos sean los que sí. Todo el verano en pantalón corto. Quien me ha visto y quien me ve. Las piernas.

03:18 – Me apetecía picar algo antes de acostarme. He abierto la nevera y me he encontrado con la media bandeja de solomillos de pechuga de pollo que compré ayer en el Dia%. Hola, duda.

03:22 – Joder. Es que si se quedan ahí todo el finde a la vuelta tendré que tirarlas. Tirar comida, caca.

03:41 – Pues vaya. Estaban que te cagas. Jgts recomienda pollo a la plancha de madrugada. Pollo a la plancha de madrugada es tendencia. Pollo a la plancha de madrugada es amor.

04:06 – Voy a dormir 1 hora. Lo justo para estar listo para 48 horas de festival con sesiones de horas y horas varias. Y para que te duelan las muelas, recordemos. Soy todo un machote. O no, vaya, ya lo decido el domingo cuando vuelva.

05:55 – Dice el despertador que no me espera más. Que o me levanto, o se va sin mi. Mecagoentóquesueño.

06:01 – Me duele la muela. Por horario no me puedo tomar nada todavía. Uf, verás tú.

06:06 – No tengo hambre, todo el pollo de hace un rato está diciendo “¡hey! ¡sigo aquí!”. Pero si desayunar en Atocha sería caro, desayunar en el AVE ya sería un drama. Y yo sin unas galletas que llevarme.

06:11 – Mira, me ducho, me visto, me voy, y ya se verá.

06:24 – Dios santo. Voy a salir de casa con gafas por primera vez en cosa de 6 años. Gafas viejas, dobladas, con las gomitas verdes pochas y con 3 dioptrías menos de las que necesito. Pero dicen mis ojos que eso de las lentillas ahora, como que no. Esto en mi sano juicio nunca lo haría. Pero pensar ahora, no.

06:28 – Comentad, cojones.