Pues estoy en una etapa super bloguera, fíjate. Me apetece escribir en mi blog a todas horas, pero es que también estoy en una etapa un poco… ehmmm… ¿densa?, así que en verdad me apetece escribir a todas horas posts que irremediablemente tendrían que estar en “La Caja Naranja”. La echo mucho de menos. Pero La Caja Naranja ya no existe, así que mejor no escribo, y dramas míos que os ahorráis. Mejor hago un post de Brevas. De nada.

– Tengo mucho mono de bici. Entre que en invierno me da una pereza horrible y que además últimamente no deja de llover, llevaré como 6 meses sin tocarla. Paso todos los días por delante suyo y la oigo llorar, la mi pobre, que se cree que la tengo abandonada, con todo lo que yo la quiero. El primer día que salga el sol la cogeré con tantas ganas que, o reviento de tanto pedalear, o me caeré de forma extremadamente aparatosa porque haya perdido soltura. Pero el caso es que moriré. Qué bonito eso de morir por amor.

– Tengo un granito super pequeñito que tiene que estar conectado directamente con mi sistema linfático porque, lo aprietes cuando lo aprietes, siempre sale agüilla. Sin límite. Una guarrería, vaya. Pero engancha.

– Si no deja de llover no voy a poder poner lavadoras, y la situación puede rozar el drama en cualquier momento. Me estoy poniendo calcetines con tomates importantes y camisetas que estaban a punto de pasar al cajón de “para dormir”. Por suerte cuando he ido en semana santa mi madre me había comprado calzoncillos. Porque a mi los calzoncillos me los sigue comprando mi madre, menos algunos, los de los martes y los domingos, que son más chulis porque me los compro con cierto criterio. La proporción es más o menos esa: tengo 2 guays por cada 5 normalillos suyos.

– “I will never forget how you made me feel. Come make me relive the wonders of the time, back when you were mine”.

– Dentro de relativamente poco es mi cumpleaños y no me apetece nada. Tengo mis razones y las entenderíais y todo, pero ¡oops! ¿Ves por aquí una Caja Naranja? Yo no. Así que no-dramas.

– Ayer no pude dormir por darle vueltas a un tema. Por la mañana en el metro al ir a trabajar he tenido que decidir qué escuchar, y en un acto de masoquismo extremo he elegido ese disco en el que sé que está esa canción que hoy no debería haber escuchado, confiando en que el aleatorio no la iba a hacer sonar antes de llegar a mi destino. Evidentemente, ha sido la primera. Y ya he tenido run-run para todo el día.

– ¡Comenta, cojones!

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