Imagina que naces en una familia en la que sois cinco hermanos. De repente un día te dicen que, de tus cuatro hermanos, tienes que elegir a uno y solo a uno, que seguirá siendo tu hermano y podrás seguir queriéndole como tal, pero deberás olvidar a los otros tres. Siempre y cuando, eso sí, ese hermano también te elija a ti, sino te quedarás sin ninguno.

Esto te lo han dicho tus padres, al explicarte que también tienes que elegir a uno de ellos: mamá, papá, o incluso Joan, el novio de mamá a quién ahora también quieres un montón. Uno, solo uno cuidará de ti a partir de hoy, y se enfadará si guardas aunque sea fotos de los otros dos. Cuidado, a ver a quién eliges, que ellos también tienen como opción a tus hermanos y también has de coincidir con su elección. Las cuentas además son claras: dos o más de tus hermanos deberán apañárselas sin tutor a partir de ahora, la relación tiene que ser solo cosa de dos.

Con tus amigos ocurre lo mismo, sueles jugar con Andrés, Marcela y Unai, y en casa te lo pasas muy bien con Victoria, la hija de Joan. Tienes que elegir. Uno, solo uno puede ser tu amigo a partir de este momento y, como ocurriera en los casos anteriores, solo lo será si tú también has sido su elección. Puedes pensar en que lo más cómodo es elegir a Victoria, aunque Marcela tiene un balón muy chulo, Andrés es muy gracioso y Unai sabe usar la tablet y te parece una pasada. Valorar pros y contras en una situación así te parece muy feo, pero si tienes que elegir con el corazón es imposible: los quieres a los cuatro, sin distinción. Piensas en ser amigo en secreto de algún otro, porque seguro que a ellos tampoco les ha gustado la idea de elegir, pero va a ser bastante raro.

¿Ridículo? Hasta el extremo. Pero ahora crece unos añitos y enamórate ¡pero ojo! Solo-de-una-persona. Solo una. Todos los días, todo el tiempo. Puedes enamorarte de otra, pero entonces deberás rechazar a la actual, o ver a esa persona sin que se entere la primera, y pidiéndole por favor que te guarde el secreto y sintiéndote tremendamente culpable por no sabes muy bien qué. Una mierda, vaya.

Creerás que es lo correcto, que es la única opción, porque tu madre y tu padre tuvieron que separarse cuando ella conoció a su novio actual, y porque es lo que ves en la calle, lo que te cuentan las películas y de lo que hablan las canciones: eres media naranja, y debes encontrar a tu otra mitad. No estás completo si estás solo, y una naranja con tres, cuatro o seis mitades es matemáticamente imposible.

A veces te planteas que eres una naranja completa, o un limón, o una nectarina, y que en el mundo hay otros limones, y además peras, manzanas y maracuyás, pero ser una unidad completa y poder compartir tu vida y tú amor con todos ellos es algo que se escapa de tu forma de ver el mundo. Al fin y al cabo, Macedonia es muy pequeño y nadie habla nunca de ese lugar.

Si te va bien pensando así ¡genial! Igual que hay gente que es feliz creyendo en Dios, en el reiki o en otras patrañas. Aunque lo ideal sería que desde la familia y la escuela nos potenciaran como individuos únicos y lucharan contra los medios de comunicación y ocio que nos venden la pareja como única forma posible de vivir en sociedad. Tendríamos que dejar de creer en el amor romántico como hemos dejado de hacerlo en la inquisición o la esclavitud, modelos que durante un tiempo nos parecieron correctos hasta que un día, por fortuna, vimos que no lo eran y los erradicamos asumiéndolos como error y pidiendo perdón por todo el mal provocado. El amor romántico crea seres infelices, y mata.

Amo la pizza ¿podría comer pizza toda la vida? Si me lo pregunta una pizza enorme de rodillas, humeante, con bien de bacon, lloraría y le diría que ¡por supuesto!, pero me estaría mintiendo a mí mismo y a ella, porque algún día no muy tarde iba a apetecerme un buen plato de lentejas. Y otro día un filete de emperador. Y una paella, y unos macarrones, y…

Y ¡oh! estoy hablando de “querer”, de amar a gente, pero el tema se vuelve mucho más oscuro si hablamos de sexo. ¿Tener placer junto a alguien que no es tu única pareja acordada? ¡Activen todas las alarmas! Colapso asegurado. Porque es algo que nunca ha hecho nadie ¿verdad?

El sexo es algo divertido, como reírte con un monologuista bueno, bailar o ir al cine, que si la peli es buena ¡perfecto!, pero si es mala no es un drama, simplemente has desperdiciado un par de horas. Y si tienes pareja, no llegas a casa sintiéndote sucio, ni culpable, ni un hijo de puta porque te haya parecido un peliculón. Pero sí si ha sido un polvazo. Si tu pareja no es feliz cuando tú disfrutas, en el cine o en una cama, tenéis un problema.

En este mundo absurdo de papeles predefinidos, yo no estoy soltero: soy soltero. Por elección. Y algún día podría quererte, pero a ti, y a “n” más como tú, o no, no es algo que pueda planear, igual que no entiendo que los demás sepan leer el futuro y adivinar que solo querrán a quien quieren hoy. Y tampoco te voy a prometer amor eterno. La exclusividad y el compromiso de permanencia no me parecen, en absoluto, formas sanas de afrontar una relación, ninguna, de ningún tipo.

Si no querer a alguien “porque ya quieres a otra persona” te parece un valor positivo, algo a defender y potenciar: no cuentes conmigo.

Ponerle límites al amor y al placer es como ponerle puertas al campo, una soberana gilipollez.

Feliz San Valentín.

Más San Valentín: 30 años soltero / Filofóbico perdido

Leave a reply

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

required

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.