Hay veces que me han dicho que soy un poco friki, que se me va la pinza o, simplemente, me han mirado raro. Y todo porque me gusta conocer la “paridad” de las personas. Y de las cosas.

Por un lado tiendo a preguntarle la fecha de nacimiento a la gente al poco de conocerla. Las fechas tienen tres números: día, mes y año. Si de estos tres, los tres son números pares quiere decir que eres una persona “totalmente par”. Como yo, por ejemplo, que soy del 28 del 04 del 84. Al revés si todos son impares, que pasas a ser “totalmente impar”. Si dos son pares eres una persona “muy par” e igual, dos impares y un par te convierten en una persona “muy impar”. Que lo sepas.

Por otro lado tiendo a hacer algo parecido con las cosas. Les busco un número, sumo todas sus cifras y vuelvo a sumar hasta reducir a una sola cifra, y veo si es par o impar. Así por ejemplo 2014 (2+0+1+4=7) según esta “cosa mía” es un número impar, es un año impar. Y así, mi número de teléfono aún acabando en 6 como suma 55 (5+5=10, 1+0=1) también es un número impar. El del trabajo acaba en 8 y suma 22 (2+2=4) por lo que, menos mal, es un número “tradicionalmente par” que para mi también lo es.

Pero os voy a contar un secreto que a estas alturas de la vida a lo mejor os sorprende y todo: es mentira, en verdad me da igual. Que una persona, un número o una cosa sea “más o menos par” me resbala una barbaridad, no implica nada y no tiene ningún sentido. Es simplemente una forma de mantener la mente activa, de estar despierto y de decirle a mi cabeza a todas horas “¡Eh! ¡Que te atontas! ¡Mira, mira, es un número! ¡Súmalo, corre!”.

hombre-darina

Pocas cosas hay más sanas que mantener la mente activa. Por eso también tengo mis “juegos” para fomentar la creatividad. Porque ¡oh, amigos! si a veces hago cosas chulas no es porque tenga más imaginación que nadie, se me fue atrofiando con la edad como a todos, pero nunca he dejado de hacer cosas para mantenerla en forma. Que si tienes un trabajo super artístico no te hace falta, pero si no, siempre te quedará esa horita diaria de metro o un paseo con musiquita al atardecer para dedicarle un ratito a tu cabeza.

Mi juego favorito es el que yo llamo “El hombre de harina”. Se me ocurrió un día comiéndome una mandarina. En silencio, solos, la mandarina y yo. Y sin más me dije: “mandarina”, y retumbó en mi cabeza, que de repente en plan eco me devolvió un mensaje: “man en inglés significa hombre, así que te estás comiendo un hombre-darina“. Y de ahí a una galleta de jengibre solo hubo un paso.

Se trata simplemente de enlazar conceptos aunque sea de una forma muy forzada. Por ejemplo, así, en directo, pienso “hay que ejercitar el cerebro como si fuera un músculo”. Músculo. El mus es un juego de cartas ¡cartas con culos! Culos que se sientan en el water, que lo llaman “el trono” ¿iba de juegos? ¡Juego de Tronos! Pero ¡bah! es poco creativo, ya existe… mmm… “Juego de truenos”, a ver qué sale. Los truenos juegan con los rayos y se enfadan, porque siempre les ganan en las carreras. Las carreras típicas son las de caballos. Caballos hay en Sevilla, en la feria, la feria de Abril. Abril. Cerral.
Si te atascas (¿cómo se sale de un “cerral”?) puedes volver un par de pasos atrás. ¿Carreras? ¡Bah! Lo que tienen futuro son los módulos. Modulada, como la frecuencia de la radio FM. Radio, número Pi. Pi al cuadrado, Pipi… ¡me meo!

Y así, horas. Sin reglas, sin “eso no vale”, sin “te repites”, nada, la idea es que fluyan cosas sin límite, no ponerle barreras a la imaginación, aunque se vaya por los cerros de Úbeda. Jugar con gente también mola, pero es raruno.
También puedes complicártelo cogiendo dos conceptos que no tienen nada que ver y hacer una cadena de chorradas hasta que logras unirlas cerrando el círculo.

A veces también abro el instantdomainsearch y me pongo a hacer combinaciones chulas de letras y/o palabras para ver si soy el primero al que se le ocurre, es decir, si ese nombre de dominio está disponible como puntocom. Pero este juego es un peligro: he acabado comprando decenas de dominios que nunca he utilizado. Un drama.

¡Y tengo más juegos chulis! Pero si os los cuento todos ¡no os inventáis los vuestros! ¡Y esto va de pensar, amigos!

Con algunos de ellos voy por la calle descojonándome yo solo y la gente me mira raro. Más o menos como miro yo a la gente que va con cara de sufrimiento y sudando como cerdos haciendo como que corren: cada uno va por la calle ejercitando lo que le da la gana. Y yo mientras, por lo menos, me río.

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