Esto parece el blog de uno cualquiera, así que voy a escribir un post de esos de los de antaño, de los totalmente ilegibles por largos y aburridos, de los de contaros mi vida aunque no os interese, de los de domingo por la tarde en otoño con su lluvia y todo. Un post de esos que empiezan con: Estoy soltero, y lo he estado siempre.

Pero es que creo que soy filofóbico perdido.
Lo que pasa es que decir que tengo “miedo al amor” no sé si es del todo correcto, porque yo no tengo un miedo, yo tengo dos, a mi me gustan los dramas a pares, que es mucho más divertido.

Tengo miedo al compromiso. Y es que estoy en un momento de mi vida muy tenso, porque ningún día sé si podré comer al día siguiente y no tengo nada claro cuánto tiempo más me queda en esta ciudad, así que en verdad no puedo hacer planes de más de 24 horas porque no sé si los voy a poder cumplir… ¡Como para comprometerme a nada a medio plazo! Y digo medio y no largo plazo porque lo que tengo muy claro es que la gente cambia, y los caminos a veces se difurcan incluso aunque se anden juntos, así que he dicho siempre que yo no firmaría nada con nadie por más de 2 años, que me parece un tiempo prudencial como para “disfrutar del amor” sin saturar. Así nos da tiempo a pasar una Nochebuena con cada familia. Y si es más pues bien, y si es menos, pues también. Pero ahora no. Y hace un año tampoco. Ni hace dos. Que esta etapa se está alargando más de lo que debería. Cuando mi vida se estabilice y la rutina venga a mi, a lo mejor de repente tengo tiempo para otro tipo de inquietudes, pero ahora mismo no. Ahora mismo, compromiso caca.

Pero es que además tengo miedo al rechazo. Profesionalmente el “no” es mi trabajo, he sido comercial toda la vida, la gente me saluda con un “no” y mi trabajo es luchar contra él e intentar convertirlo en un “sí”, es a lo que estoy acostumbrado y además es lo que más me motiva, un rechazo siempre es un reto. Pero en lo social no puedo con él. Ni reto ni leches, no acepto un “no”, no lo soporto, lo paso mal. Y es por eso por lo que no ligo, por no hacer el intento y llevarme una negativa. Si pones en un lado de una balanza la oportunidad de follar, y en el otro lo que pesaría un rechazo, pesa un pelín más este último así que deja de merecerme la pena intentarlo. Que estoy mucho más a gustito lamentándome por “lo que podría haber sido” pero sin un “no” en mi expediente, vaya. Para que yo me lance tengo que estar 100% seguro, ni miraditas, ni señales, ni hostias, tu lengua en mi boca y a partir de ahí ya empiezo a pensar si es que a lo mejor quieres algo conmigo. Pero claro, si esto es así en “lo esporádico”… ¡Imagínate cuando la cosa roza “lo bonito”! ¡Uf! ¡Drama! ¿Decirte que me gustas y que tú me digas que yo a ti no? No, lo siento, no tengo ningún interés en pasar por eso. Y mucho menos en plantearte “un intento de algo”, porque se me ocurren por lo menos cienmil cosas que me apetecen más que el que me digas que no. Que me metas un dedo en el ojo de forma aleatoria durante 4 horas o que me pegues una patada en los huevos serían dos ejemplos totalmente al azar.

Pero a ver, que nadie se asuste, que a mis 28 años no estoy rozando la castidad ni nada de eso. Yo he tenido mis múltiples “apaños”, que apaño es una palabra que creo que lo define muy bien todo. Ha habido apaños largos y apaños cortos, apaños intensos y otros más fríos, apaños intermitentes que iban y venían y apaños que vinieron y se fueron sin más. Y apaños de martes y domingo, claro, que son los más divertidos.
Y luego están los “apaños de fase 2”. Tengo un importante historial de “Nos estamos conociendo”. Me encanta el “nos estamos conociendo”. Podría vivir en un “nos estamos conociendo” permanente, así que cuando el “nos estamos conociendo” deja de ser viable y hay que dar un paso, suelo desviar a la gente a “la zona de los amigos” que es mucho más divertida, mucho más cómoda, mucho más fácil, cabe mucha más gente y, por supuesto ¡da mucho menos miedo! Es muy ideal.

Aunque esto no ha sido siempre así, claro. Que a mi también ha habido veces que me ha apetecido “un poco más”. Cuatro veces para ser exacto. Y las cuatro, nada. Cuatro “enchochamientos intensos no correspondidos”. Cuatro apaños que podían haber sido y no fueron, o bien por mi miedo al compromiso (que no), o por mi miedo al rechazo (que en algún caso puede que sí), o principalmente por razones “del otro lado” que casi creo que prefiero desconocer no vaya a ser que no me gusten. Cuatro veces de tener un nudo en el estómago de estos que te dan hasta ganas de vomitar. Cuatro arcadas de amor. Cuatro guarrerías, vaya.
Cuatro dramas, a la espera de un quinto. Pero claro, el 5 es mi número favorito, así que a la próxima, sí que sí. O no, vaya.

– Pero entonces a ver, si dices que te has medioenamorado y todo alguna vez, tú no eres filofóbico… ¡Tú lo que eres, es tonto!
– ¡Ah! Pues será eso.

5 comentarios en “Filofóbico perdido

  1. Hola yo tambien creo que soy filofobico, a mis 26 años no he tenido novia. Me dan miedo las relaciones debido al matrimonio destructivo de mis padres, vivir eso desde niÑo me ha marcado mucho y solo de pensar tener pareja me produce ansiedad

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