Mañana voy a renovarme el DNI, y hoy he ido a hacerme las fotos. He ido a un Fotoprix y he demandado un servicio básico: “¡Hola! Quiero hacerme fotos para el DNI”. Fácil. El chaval en cuestión me ha dicho que me siente, me ha hecho dos, he elegido la que más me ha gustado y a partir de ese momento ha cambiado el chip de fotógrafo, a comercial.
Mister Sácame-los-Duros ha metido mi foto en una maquinita y le ha dicho dónde estaban mis ojos, mi boca, mi nariz, y todas esas cosas que tengo yo en la cara, y de repente ¡tachán! ¡Ha aparecido un yo mejorado en la pantalla! Y me ha preguntado “¿Cuál te gusta más?” y yo le he dicho “esa, claro” y él me ha dicho “La mejorada son 11’95€” y al preguntarle por la otra, me ha dicho que eran 6’50€. ¡Oops! Pagar el doble por la misma cantidad de fotos impresas en la misma calidad de papel, únicamente porque el señor ha tardado 30 segundos en hacer cuatro clicks, me ha parecido una barbaridad. Pero él lo ha hecho tan bien comercialmente hablando, que si en vez de 5€ más hubiera costado 2, me hubiera llevado la versión guapo-de-mentira, y posiblemente él se hubiera llevado un poquito. Pero así, que les amortice el software Rita.
Hasta aquí me estaba cayendo bien, porque vendía con mucha naturalidad, y me recordaba a cuando yo estaba detrás de un mostrador y me daba exactamente igual qué teléfono se llevara mi cliente siempre y cuando saliera de la tienda asegurado, dentro de una funda, y a poder ser con una solicitud de ADSL grapada a su contrato.
Pero no me ha gustado nada su cierre de la venta. Me ha dicho que eran 6’50, y acto seguido me ha dicho “¡Vaya! No me queda el accesorio que venía de regalo, te lo descuento, son 5’95€”. ¡¿Hola?! ¿Me ibas a cobrar 55 céntimos por un “regalo” que no te había pedido? ¡Oh! ¡Qué feo eso, tío! Le he preguntado qué era y me ha dicho que un llavero, que he supuesto que tendría un hueco para meter una de las fotos, porque si no, no entiendo el concepto de “accesorio”. Llavero que yo no quería, y por el que iba a pagar sin saberlo. Y luego va y me pide mi mail para mandarme ofertas ¿ofertas de cobrarme cosas que no he pedido? No, gracias.
Si el tío se lo hubiera montado bien, podía haberme dicho “¡Anda, mira! Lo han bajado, el precio nuevo son 5’95€” o incluso jugársela con algo del tipo “Si me dejas tu mail te puedo hacer un descuento, se te quedaría en 5’95€” y así él hubiera perdido la venta cruzada de su llavero maravilloso, pero se hubiera apuntado el tanto de captar un mail.
Y después de todos esos momentos te-retoco-por-cinco-euros-y-te-descuento-un-llavero-que-no-querías-e-iba-a-colarte-y-dame-tu-mail me ha ofrecido dos descuentos maravillosos, uno para fotolibros y otro para tarjetas de visita. Bueno, bien. Pero… ¡yo solo quería fotos para mi DNI! ¡Guarda tus dotes comerciales para meterle packs enteros de acesorios a los que vienen emocioandos a comprarse una cámara nueva con un montón de dineros en la mano!
Y por curiosidad he mirado el ticket (no vaya a ser que me hubiera colado algún extra más) y he visto que como dependiente… ¡Aparecía el nombre de una chica! ¿Le colará las ventas mediocres a alguna compañera para mantener sus ratios bonitos? No, no vamos a pensar mal, no, no… ¡Diox me libre!

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