Puedo parecer “el típico feo delgado”. De esos que a lo mejor me ves y piensas “bueno, es feucho pero como es un tirillas seguro que se quita la camiseta y tiene abdominales o algo”. Puedo dar el pego, pero nada más lejos de la realidad. El poco atractivo físico que puedo tener es una ilusión, un engaño fruto de no salir nunca sin camiseta en instagram.

En realidad soy una be-minúscula.

Las mujeres son más difíciles de clasificar, no hay tantas letras con tetas, pero tengo mi propia clasificación de torsos de hombre. Vistos de perfil, son una letra u otra.

Cuerpoletras

Ele-minúscula:
Los “delgados de nacimiento”, esos que te dicen “¡pero si yo como un montón! ¡pero no engordo!” y es verdad, porque te lo dicen siempre con la boca llena de cheetos pandilla. Son los “tirillas”, los que no tienen un gramo de grasa y tienen una especie de abdominales de mentira porque la naturaleza ha decidido que ir marcando los intestinos era un poco guarrada. A los 25, o se cuidan, o pasan a ser bes-minúsculas irremediablemente.

Ele-minúscula-en-negrita:
Se denominan a sí mismo “fibrados” y van al gimnasio para tenerlo todo en su sitio. Los “fáciles” son los ele-minúscula que han aprendido a diferenciar entre hidratos de carbono y proteínas, y su entrenador les ha dicho de qué comidas tienen que ponerse hasta el culo en cada momento. Los otros son los que se lo han tenido que currar, eran “personas normales” con mucho tiempo para dedicarle al gimnasio, que como cuesta lo mismo vayas una hora o seis, pues van seis.

Be-minúscula:
Yo. Somos los que estamos delgados pero tenemos tripa de intensidad variable. Si comemos, engordamos, pero todo se va a la barrigoncha. Mis brazos siguen siendo de mentira y mis pezones están colocados aleatoriamente entre unos cuantos pelos, sobre una blanquecina superficie plana. Los be-minúscula no tenemos público, esta guarrería de pseudo-cuerpo no le puede gustar a nadie, si alguna vez ligamos es porque con ropa engañamos, y luego nuestra víctima piensa simplemente “bueno, ya que estamos aquí…”.

Pe-mayúscula:
Los de las fotos. Los que van al gimnasio “de verdad”, los que hablan de “crecer” cuando en verdad quieren decir “hincharse”, pero lo hacen de forma relativamente controlada. Se compran camisetas de una talla menos para que se repeguen en cada uno de los múltiples pliegues de su cuerpo y se las quitan en cuanto tienen oportunidad. Dentro del “mundo cachas” son los menos desagradables. Hasta los hay que no son tontos del todo.

Be-mayúscula:
Los cachas, a los que les contaron que respirar tenía tres pasos, inspirar, espirar, hacer abdominal. Y así todo el día. Para ellos “un ciclo” no es exactamente una bici. Son estos a los que parece que les molestan sus propias piernas y brazos a la hora de andar. Los que tienen el ombligo a la misma altura que los pezones y piensas “¡diosmío! ¡en realidad hay una tripa debajo de esos abdominales! ¡es un señor al revés!” y te da un poco de asquete. Los que tienen venas en la frente. Esos que dejan el gimnasio un mes y les cuelgan las carnes. Los que tienen cuerpo como de barril, no sé, esos, ya sabes.

Be-mayúscula-en-negrita:
Los gordos. Los entrados en carnes. A los que sus amigos les dicen que solo están fondones. Los “fuertecitos”. Rollizos. Robustos. Orondos. Si son maricas son osos, y dejándose barba tienen el éxito asegurado entre sodomitas de cualquier otra letra. Si no tienen tetas son un caso raro de be-minúscula-en-negrita.

 

Runnin Rhino en ThreadlessY desde mi condición de be-minúscula he decidido empezar la que he denominado la “Operación Cuerpo-Escombro 2016”. Consiste en que, cuando se me acabe toda la bollería industrial que tengo en casa voy a intentar comer un poquito mejor. Y cuando me recupere de mi última visita al quirófano y pueda abandonar este estado de semi-reposo (que tanto me gusta) será veranito, los días serán más largos y al salir del trabajo… ¡iré al gimnasio! A ciclo-indoor, body-pump, body-combat o cualquier otra cosa que tenga música y que yo sea incapaz de seguirla, otro día os cuento mis experiencias en esos lugares del demonio a los que llaman “gym”. Y a finales de otoño ¡seré un proyecto de ele-minúscula-en-negrita! Justo cuando las sudaderas gordas y los abrigos oculten mi nuevo y definidísmo cuerpo. Y llegarán las navidades y comeré. Y luego con el frío, las lluvias y las excusas me dará mucha pereza todo. Y cuando se acaben los 6 meses de mi cuota-con-oferta decidiré no renovar en el gimnasio, me echaré a perder, volverá mi tripa en cuestión de horas, quizás días, y desaparecerán los pocos resultados obtenidos. Y el año que viene por estas fechas estaré tal y como estoy ahora. Y ese es el fin, y de ahí el nombre. La “Operación Cuerpo-Escombro 2016″… ¡comienza hoy! O mañana. Prisa ninguna, total, tengo todo un año para quedarme como estoy.

¡Comenta!

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

obligatorio